La Plaza de Cibeles es uno de los grandes cruces monumentales de Madrid. Su imagen actual reúne edificios de épocas distintas alrededor de una fuente que nació en el siglo XVIII como parte de un proyecto mucho más amplio: la transformación del Salón del Prado en un gran paseo urbano dedicado al ocio, la ciencia, la naturaleza y la representación de la capital.
La fuente de Cibeles fue diseñada en 1777 por Ventura Rodríguez. El arquitecto participaba entonces en la gran reforma del Paseo del Prado iniciada a partir de ideas anteriores de José de Hermosilla. La intención era convertir una zona periférica y poco ordenada en un espacio monumental comparable a los grandes paseos europeos.
Ventura Rodríguez diseñó un programa de fuentes inspirado en la mitología clásica. Cibeles representaría la Tierra; Neptuno, el Agua; y Apolo ocuparía una posición central asociada simbólicamente a otros elementos. De este modo, las fuentes no eran simples ornamentos independientes, sino piezas de un conjunto iconográfico ligado a la renovación del paseo.
La figura de Cibeles representa a la gran diosa madre de origen frigio, identificada con la naturaleza y la fertilidad. Aparece sentada sobre un carro tirado por dos leones. Según la tradición mitológica, estos animales representan a Hipómenes y Atalanta. La escultura principal fue ejecutada por Francisco Gutiérrez y los leones por Roberto Michel.
El trabajo material fue complejo. La documentación municipal recoge la procedencia de distintos tipos de piedra y el enorme esfuerzo necesario para trasladar los bloques hasta Madrid. La fuente quedó terminada en la década de 1780, aunque no entró en funcionamiento inmediatamente.
En origen, Cibeles no ocupaba exactamente la posición actual ni cumplía solo una función ornamental. Como otras fuentes madrileñas, estaba relacionada con el abastecimiento de agua. En el siglo XIX se introdujeron modificaciones y se eliminaron algunos elementos que permitían recoger agua directamente.
En 1895 la fuente fue trasladada a su ubicación actual y elevada respecto a la posición anterior. El cambio reforzó su carácter monumental y la convirtió en el centro visual de una plaza atravesada por grandes ejes urbanos.
Durante el siglo XX, Cibeles pasó a ser uno de los símbolos más reconocibles de Madrid. En la Guerra Civil fue protegida para evitar daños mediante una estructura de ladrillo y sacos terreros. La imagen de la fuente protegida recuerda que incluso los monumentos urbanos más familiares pueden convertirse en objetos frágiles durante los conflictos.
A su alrededor se levantan edificios que explican el crecimiento del Madrid moderno. El antiguo Palacio de Comunicaciones, actual Palacio de Cibeles, domina uno de los lados y representa la gran arquitectura institucional de comienzos del siglo XX. Frente a él se encuentran el Banco de España, el Palacio de Linares y el antiguo Palacio de Buenavista, hoy sede del Cuartel General del Ejército.
Esta concentración convierte la plaza en una especie de resumen arquitectónico de distintas funciones del Estado y de la ciudad: comunicaciones, finanzas, cultura, administración y defensa. La fuente, mucho más antigua, actúa como elemento común alrededor del que se organiza la escena urbana.
Cibeles ha adquirido también un fuerte significado popular por las celebraciones deportivas que tienen lugar en su entorno. Esa función contemporánea no estaba prevista por Ventura Rodríguez, pero demuestra cómo los monumentos pueden recibir nuevos significados sin perder su historia original.
En 2021 la fuente y su entorno quedaron integrados en el Paisaje de la Luz, el ámbito del Paseo del Prado y El Retiro reconocido como Patrimonio Mundial. Esta declaración subraya precisamente la relación entre arte, naturaleza, ciencia y espacio urbano que se fue construyendo desde el siglo XVIII.
Cuando observes la fuente, intenta separarla mentalmente del tráfico y de los edificios contemporáneos. Imagina el antiguo Salón del Prado como paseo arbolado y las fuentes formando parte de un programa común. Cibeles no nació como monumento aislado en una rotonda, sino como parte de una visión ilustrada de la ciudad.
Después vuelve a mirar el conjunto actual. La fuerza de la plaza está precisamente en la superposición: la fuente del siglo XVIII, los palacios de los siglos XIX y XX, las grandes avenidas y las celebraciones contemporáneas. Pocos lugares de Madrid muestran con tanta claridad cómo una pieza urbana puede cambiar de función y, al mismo tiempo, seguir siendo reconocible durante más de dos siglos.
El cruce permite además observar cómo un monumento cambia cuando cambia la escala de la ciudad. La fuente fue concebida para un paseo del siglo XVIII; hoy está rodeada por carriles de circulación y por edificios de una monumentalidad muy superior a la del paisaje original. Y, sin embargo, sigue organizando visualmente la plaza. Esa capacidad de mantener centralidad explica por qué Cibeles ha llegado a convertirse en símbolo urbano. La diosa ya no sirve como fuente de abastecimiento y el espacio ya no funciona como el Salón del Prado ilustrado, pero la composición mantiene una fuerza extraordinaria. Conocer su función original permite mirar el monumento no como una estatua aislada, sino como superviviente de una gran operación de transformación del Madrid de Carlos III.
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